tito alvarado
Los desafíos del trabajo cultural en el siglo XXI
Vivimos en un mundo que a diario nos sorprende por sus hechos de sublime amor o de pérfida maldad, por sus cifras de mucho para unos pocos y poco para unos muchos. Es como si la humanidad ya no fuera humana, razón para soñar otra humanidad, razón para intentar cambiar la vida,
Un mundo centrado en el lucro personal ha demostrado que funciona muy bien para quienes (los menos) han logrado amasar una fortuna y medio marcha para aquellos que tienen un trabajo estable y bien remunerado, pero no funciona para solucionar los problemas que afectan a las grandes mayorías. Hoy estamos en el centro exacto de la tormenta, en el ojo del huracán, una tormenta que puede durar diez años, veinte o como máximo treinta, tiempo en el cual o se encuentra un rumbo nuevo o comienzan a verse y sentirse los estragos irremediables de una sociedad condenada a desaparecer.
Ante estas realidades que nos asaltan con sus miles de formas desgarradoras, podemos hacer la vista gorda y actuar como si nada pasara o ver los peligros y actuar desde nuestro trabajo cultural. La primera opción supone unos actores culturales que no se reconocen en los demás, que actúan solos, que buscan sobresalir de cualquier manera, que priorizan mensajes sin contenido humano, que guían sus pasos por el sonido del metal, que tienen horror de los contactos muy cercanos, que simulan los sentimientos, que manipulan las amistades. La segunda opción requiere una indudable cuota de valor y auto control, el acto de ver implica una respuesta, respuesta que no puede estar dictada por la desesperación. Los trabajadores del arte y la cultura que asumen su tiempo necesariamente han de ser distintos a los que produce el mercado, son los imprescindibles, pero también son los incansables del trabajo creativo y la organización.
Expresamos nuestros latidos en forma individual con una obra que nos diferencia y nos perfila, y también los expresamos en forma colectiva en tanto actores de un drama social, el drama de estar a pocos pasos del cielo en la tierra o del infierno total, para decirlo con imágenes conocidas.
Como creadores e individuos sociales tenemos tres desafíos;
Primero, el de la ética.
Nos dice el diccionario en su quinta acepción que ética es Conjunto de normas morales que rigen la conducta humana. El detalle es que estas normas morales son un espacio reducido y reduccionista. Reducido pues no enmarcan todo el accionar humano y mucho tienen que ver con lo que determinadas creencias, casi siempre de caracter religioso, logran poner en la cabeza de la gente. Reduccionista pues las normas morales vigentes son las normas morales que impone la sociedad en su conjunto, estas normas morales no logran elevar al ser humano a una dimensión superior.
Otra mirada pudiera decirnos que en realidad no hay ética, es decir se han perdido los valores morales que nos obligan a actuar de una manera sin tener en cuenta posibles perjuicios en contra. Todo indica que se ha logrado imponer la ética de los banqueros en la conducta de cada cual, pues son los valores monetarios los que rigen la conducta de las personas, ya sea por que muchos hacen girar su vida en torno al dinero o por buscar a toda costa tener ganancias en todo lo que se hace.
La miseria es una lacra social que afecta a la gran mayoría de la población mundial, esta lacra es aceptada como algo imposible de ser corregido. Los valores que transmiten las religiones que hablan de amor no logran que la miseria sea considerada una inmoralidad. La culpa no es de la religión ni de las personas, sino del sistema que crea este estado de cosas.
Cuando lo moral, lo socialmente aceptable, son valores que no tienen en cuenta las necesidades del ser humano se impone la necesidad de cambiar esos no valores. Cuando ya todo demuestra que solamente es posible hacerse de un nombre en la cultura si nuestro arte no comete el delito de poner a la gente a pensar. Cuando se ha trastocado la esencia del arte para dar paso a un arte vacío de contenidos y que solamente busca entretener. Cuando ya no es posible para ningún artista independiente vivir de lo que pueda producir su arte, este tiene dos caminos o se vende para vender o se empecina en su arte y procura el sustento con otros medios. son las señales de que algo ha tocado fondo. En este imperio de la mediocridad, de lo banal, el gesto de mirar para otro lado o las puertas cerradas para el arte verdadero se impone el dilema de sucumbir o persistir. En la persistencia, es la ética la que nos permite continuar, es decir buscamos una recompensa mayor, el mensaje humano, lo perdurable, lo universal.
Un arte desde la ética impone una ética del arte; un conjunto de valores morales para contribuir a cambiar la vida, que buscan producir el efecto del sentimiento, del análisis, de la vergüenza, de la acción.
Segundo, el de la comunicación
Sea cual sea la expresión artística que profesemos, esta es imposible sin un público que la aquilate, que la valore, que la asuma. El arte está destinado a un público, esto es una verdad de doble filo, de una parte todos creemos que al respecto no hay dudas posibles, de otra parte muchos artistas creen que su tarea es producir arte y que es asunto de otros entregarla al público. Ambos lados son parcialmente ciertos o parcialmente erróneos.
Todo arte es un intento de comunicación y para que esta se realice necesita del arte expresión del artista y de un público, pero esta comunicación no se produce si ese público no existe o no tiene las capacidades mínimas para entender la obra. En tiempos de crisis todos corremos tras lo que es de primera importancia y el arte no figura en esta categoría. Tenemos tiempo para disfrutar el arte cuando todos los asuntos primarios: comida, techo, abrigo, están resueltos.
Cuando todos los caminos parecen cerrados nuestro deber es abrir otras vías. En este sentido debemos asumir la propuesta de ir en busca del público, de contribuir a crearlo, de cuidarlo y hacerlo partícipe del arte, es decir la tarea del artista no termina en la obra concluida, al contrario, recién comienza, faltan los medios, faltan los agentes de comunicación. Si lo nuestro no está en lo insulso, es nuestra tarea asumirnos como los organizadores y promotores de un fenómeno mucho mayor, completar el ciclo que va desde la idea de origen al artista, el resultado, un público que lo disfrute, la circulación de las ideas propuestas.
Tercero, el de la comunión
Si preguntáramos aquí que bebida prefieren, quizá tengamos la sorpresa de que muchos dirán el funesto nombre de una bebida conocida, chispeante, hecha para quitar la sed, pero que no la quita y se vende en todo el mundo. Me atrevo a decir que muchos de nuestros gustos han sido formados por la publicidad.
Nosotros en tanto artistas no tenemos la capacidad de la no mencionada compañía para hacer publicidad de su producto en todo el mundo, a lo sumo nuestra capacidad permite invitar unos cuantos miles a un evento extraordinario en un mar de eventos extraordinarios, por lo mismo no estamos en condiciones de incidir en los gustos de la gente.
A falta de esos recursos, contamos con un arma mucho más efectiva, la imaginación desarrollada por la necesidad. Dice el dicho que una mano lava la otra y las dos lavan la cara, lo cual puede ilustrarnos que un arte apoya al otro y los dos apoyan a los artistas. La comunión entendida como el arte de combinar la presentación de nuestros resultados artísticos, se trata de romper los marcos estrechos de lo formal y combinar todos los artes posibles para facilitar la comunicación y logran, desde la comunión de los artistas, la comunión con el público.
Como artistas que forman parte de un colectivo tenemos otros tres desafíos:
Primero, la organización
Organización es la capacidad de imaginar lo que ocurrirá y actuar de acuerdo a un plan para que ocurra como fue imaginado. Lo lamentable es que no siempre esto es así, pues la mayoría de los artistas que forman parte de un colectivo creen que son otros los encargados de hacer funcionar la magia de producir resultados. Esto puede hablar de una ley humano que se vuelve contra el que la práctica: la ley del menor esfuerzo o puede hablar de una concepción falsa de lo que es el artista.
Para consolidar las capacidades de imaginar resultados y que estos, al momento de realizarse, sean lo más aproximado a como fueron imaginados, debemos desterrar estos dos males. Conviene recordar que un plan se vuelve nada si este no se controla en todas sus etapas, es aquí donde muchas veces fallamos, pues vienen otras preocupaciones a minar nuestras reducidas capacidades.
Sirva este párrafo anterior para ilustrarnos que el éxito es 99% trabajo, trabajo que es lucha contra nosotros mismos, contra nuestros defectos o falsas virtudes y es porfía para poner en la cabeza de todos un resultado antes de que este se produzca y lograr que cada uno aporte lo mejor de si. Mientras más personas logremos involucrar en las diversas etapas de los resultados esperados, más cerca estaremos de lograrlos.
Segundo, la persistencia
Se dice con mucha razón que una golondrina no hace verano. Lo que puede leerse como que la golondrina se adelantó y que el verano llega cuando llegan todas las golondrinas. Este dicho nos ilustra acerca de la persistencia. una golondrina adelantada es una actividad suelta, todas las golondrinas y el esplendor del verano es la persistencia. Esa virtud de insistir una y mil veces pues nos asiste la convicción de que lo que estamos haciendo vale la pena.
Sabemos de partida que muchas puertas está cerradas, lo que también debemos saber es que podemos abrirlas a fuerza de insistir todas las veces que sea necesario. Salvo que nuestra manera de abrir una puerta no es correr tras los burócratas para que nos apoyen en un plan magnífico. La persistencia es hacer, con o sin apoyo lo que nos propusimos hacer. Persistencia es ir mejorando lo que ya hicimos, persistencia es continuar sumando y desarrollando capacidades.
Persistencia es que de la nada logremos dar vida a una gran variedad de hechos culturales y que ahora podamos mirar atrás y, en la certeza del camino recorrido, volver a insistir para algo mucho mayor.
Si esta idea que nos aglutina, la idea SUR fuera un sueño de una persona o el sumar para una voluntad individual, con seguridad ya estaríamos derrotados por las dificultades. La persistencia solamente ha sido posible por ser esta idea algo muy superior a cualquiera de nosotros. Y es en la persistencia en mostrar al mundo nuestros latidos, que lograremos construir una herramienta al servicio de las diferencias culturales.
Tercero, la solidaridad
En tiempos de catástrofe se conoce el verdadero espíritu que anima a las personas. Unos se atrincheran en su egoísmo, otros se desviven por ayudar a quienes lo necesitan. Este último debiera ser el verdadero sentido de la palabra, salvo que no estamos hablando de una catástrofe nacional, estamos hablando de solidarizarnos con el compañero de ruta que necesita una pequeña ayuda para atreverse, para experimentar, para encontrar su verdadera vocación, para continuar, para saber que no esta solo en esta lucha por la superación.
Esto es hacer solidaridad en sentido cultural, pero desde nuestras artes también podemos hacer otro tipo de solidaridad. Se trata de que hablen nuestras obras y hablen nuestros actos y hable nuestra conducta humana.
Las formas que tome esta otra solidaridad, esa que se hace solamente para decir estoy contigo, te acompaño en este trance, hago mía tu causa, pueden ser tantas como personas en necesidades encontremos. Que cada cual diga, de acuerdo a sus convicciones íntimas, que camino prefiere. Lo que no puede admitir duda es que somos de esta humanidad y a esta humanidad nos debemos, que el Sur no es un punto cardinal sino una esperanza de otro mundo posible.
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Por lobitogabriel - 17 de Octubre, 2007, 9:14, Categoría: lecturas
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